
Durante toda la mañana he estado “viviendo” este día de San Valentín que se respiraba en el ambiente: típicos comentarios propios del día, los estados que pone la gente en las redes sociales, algún hombre con un ramo de flores por la calle… Hay de todo y a mí me resulta la mar de divertido.
Destaco la cantidad de alusiones antiamor que provoca este día, puede que más que las frases cursis que se dedican los enamorados. Desde mi punto de vista, qué mala es la envidia. Y es que por un lado a mi no me gusta nada que la gente se exprese públicamente de esa forma tan ñoña, que debería quedar reservada, en cualquier caso, para la intimidad. Pero al fin de cuentas, ellos no son conscientes porque están enamorados. Lo que me provoca un cierto rechazo son los que tanto critican este día dejando a la vista un atisbo de frustración ante su soltería, o eso es lo que parece ante esos comentarios tan despectivos y con cierto deje de amargura. Porque podemos criticar todo lo que queramos este día, pero no creo que se pueda negar que a todos nos gustaría que la persona que nos gusta tenga un detalle con nosotros, o simplemente, estar enamorados.
Cierto es que el amor se demuestra día tras día, pero para ser tan descaradamente cursi, con unos pocos días al año uno va bien servido. Sí critico quizás el hecho de que la celebración de dicho acontecimiento se convierta en obligatoria y que haya que hacer un regalo por sistema.
Me copio de mi amigo Ángelo estas palabras que nunca había leído.
Rut 1-16,18
