El Ayer es historia, el Mañana es misterio, el Hoy es un regalo, por eso se le llama Presente.

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domingo 18 de diciembre de 2011

TUVO GRACIA EN SU MOMENTO

Hace no tanto yo no sabía muy bien el significado de “anécdota”, y cada vez que en alguna junta o típica tertulia después de comer o cenar alguien contaba alguna yo me quedaba un poco desencajada. Anécdota tenía para mi entender una estrechísima relación con chiste o historia de las de llorar de la risa. Pero no. La gente empezaba emocionadísima a contar un suceso que le había pasado y yo escuchaba atenta con la carcajada preparada… pero la historia terminaba y yo no le encontraba la gracia por ningún lado. A alguna que otra persona parecía que sí que le había hecho un poco de gracia y de parte de algún alma cándida se oía –je je, tiene su gracia… Ahora que soy un poco más culta sé que anécdota simplemente es un relato sin más, con alguna curiosidad se supone, porque si no no tendría sentido contarla a los demás. Yo creo que las anécdotas no son más que el resultado del intento fallido por parte de los muchos singracia que se esfuerzan por parecer salidos del club de la comedia y cuentan una patata públicamente, y como premio de consolación a sus historias se les denomina “anécdotas” para que no queden en ridículo sus historias.

Porque es que hay historias que la gracia la tuvieron cuando ocurrieron… en el pasado. Ya no. Y en el futuro tampoco la tendrán. Y que sí, que hay gente con un don natural de volver a revivir el momento y conseguir que los demás se rían otra vez del suceso, pero que no todos tenemos esa chispa. Y quizás una persona a base de contar miles de anécdotas consiga que una resulte divertida, pero de verdad, no merece la pena intentarlo.

Las madres para aguantar historias de esas divertidas tienen que tener una paciencia extra. ¿Quién no ha llegado del colegio contándole a su madre la cantidad de cosas divertidas que le han pasado en ese día? Pues ponte a escuchar ahora a un niño chico y ya verás que coñazo es escuchar mil veces las mismas tonterías. Pero en el fondo no es más que una necesidad, ¿de qué sirve vivir cosas divertidas si luego no tienes nadie a quien contarle tus batallitas? Cuando somos pequeños todos tenemos a nuestros padres dispuestos a oírnos, luego los padres se ven sustituidos por los amigos, novios… en la edad adulta prácticamente no tienes mucho tiempo en pensar a quién contarle tu vida porque con sacar adelante a tu familia ya tienes de sobra, y por último en la vejez… ¿quién nos escucha cuando llegamos a viejos, que es cuando más tenemos por contar?

Propósito de Navidad: escuchar más a los demás ahora que se reúnen las familias :-)

7 comentarios:

Angelo dijo...

El post me parece fantástico, pero al llegar a tu última pregunta ... zas; has hecho que me detenga y darme cuenta de que empiezo a experimentar esas escuchas no escuchadas. Me encanta el propósito. Un beso

El chico de los tablones dijo...

Es un hecho empírico que suelen caer mejor las personas que escuchan que aquéllas que se dedican a fatigar oídos ajenos. Además, escuchar es siempre una oportunidad para aprender: hasta de las personas más idiotas se puede aprender algo nuevo si se las escucha con atención.

Suerte con el propósito :-)

Al Neri dijo...

Estoy de acuerdo en que muchos se empeñan en contar anécdotas de su vida que no tienen ningún interés para los demás, pero ellos no se dan cuenta.

Un buen baremo para saber lo rica que es la vida de alguien es fijarse en las anécdotas que cuenta. Hay gente que se repite o cuenta anácdotas poco interesantes porque en realidad su vida no da para más.

A pesar de ser objetivamente un coñazo, concedo una gran importancia a que los padres escuchen con atención las anécdotas del cole de sus niños pequeños y charlen con ellos, porque es la mejor garantía de que en el futuro les contarán sus cosas importantes.

Quien no sabe escuchar o ayudar en lo trivial, tampoco lo sabrá hacer en lo importante.

nagore dijo...

Pues yo estoy jartita niña ;))
¿Por qué demoños todo el mundo me cuenta sus penas, sus cuernos, sus dudas, una y otra vez? si yo no pregunto jamás!!

Que se vayan todos a hacer sicoterapia, o que llamen a esos programas radiofónicos nocturnos... o, o, o que se abran un blog!

Si a mí me gusta escuchar más que contar, pero con que me cuenten las cosas una vez, ya vale.

Si algún vecino/amigo me lee y se da por aludido, ya sabe...

He optado por pasear al perro a horas intempestivas; saco la basura a deshoras (me va a costar una multa); compro el pan un dia en Torroles otro en Estepona pa que no me conozcan... en fin...

Aprendiz dijo...

Al Neri,

totalmente de acuerdo con lo de charlar con los niños. Pero no sólo los padres, cualquier niño que se sienta escuchado por un adulto ganará en seguridad, porque se sienten importantes y eso mejora su autoestima.


Nagore,

jajajaja mándalos a todos la mier**


Besos a todos!

Fran dijo...

Saber escuchar es todo un arte.
Es un buen propósito para Navidad ya que seguro que algunos familiares nos lo van a agradecer mucho, se van a sentir acompañados y amados, sobre todo estoy pensando en los abuelos.
Un beso

LUGAR DE PAZ - dijo...

me quedo con la ultima frase escuchar alos demas,
si aprendieramos a escucharnos seria lo mas grande en nuestra existencia

FELICES PASCUAS