
Vuelvo de pasar unos días en la playa con mi amiga, y no puedo evitar retomar el blog con el tema de los porros. Ya sé que tengo una entrada, pero después de estar allí rodeada de todos sus amigos, que me caen muy bien y son buenas personas y demás… pero que se hinchan a porros, y no sólo ellos, sino muchos de los jóvenes que allí viven o veranean, me parece que es un tema importante del que se debería hablar más a menudo.
No pretendo justificar a todas aquellas personas que les guste fumarse su porrillo, y que ello no quite que sean buena gente, trabajadoras, deportistas… como al que le gusta tomarse su copilla de manzanilla después de comer y fumarse un cigarro (aunque supongo que el que fuma porros hace las tres cosas a la vez…) pero cada cual que haga lo que quiera si piensa que no tiene riesgos, y es que siempre va a haber gente para todo.
El problema es que el consumo de los porros se está generalizando tanto como el abuso del alcohol entre adolescentes cada vez más jóvenes. Y es que en determinadas zonas, alcohol y porros van de la mano y están al alcance de cualquiera. En una incesante búsqueda de la diversión al máximo extremo, se consume lo que sea necesario para ello. Pasarlo bien es una obligación y para ello hay que recurrir a los abusos. Muchos de estos chicos aseguran que no sabemos, los que no fumamos ni bebemos para pillarnos un pedo, lo que nos perdemos. Será verdad, y es que bien es cierto que el cuerpo no aguanta continuamente tanta fiesta sin acudir a sustancias, y ellos tendrán más capacidad de ir a más fiestas, pero corramos un tupido velo con todo aquel que asegure que son más felices … El gran peligro está en determinar el límite, y es que el límite de las cosas depende de la persona, y hasta que no se pisa terreno peligroso ninguno sabemos si hemos cruzado ese límite. Una persona con un par de porros encuentra el puntillo perfecto, otra necesita cinco para llegar a ese punto, y otra empieza a probar otras sustancias porque con el porro no queda satisfecho.
El que tontea con drogas es un inconsciente porque en este tema no existe el “yo controlo”.
5 comentarios:
Tienes mucha razón, medio país está drogado de verdad y con 27 años quemados. No me gusta ser agorero ni aguafiestas; es un serio problema de salud pública.Consumimos más droga que en en Rusia!!!! y no cogen a un sólo capo, ni español en serio. Es muy grave.
¡Qué gran noticia el poder volver a leerte, Aprendiz! Más aun cuando el tema que tratas es una triste realidad en la juventud de este país. Como bien afirmas, en materia de drogas no existe el "yo controlo". Haciendo una reducción al absurdo, tiene más posibilidades de acabar siendo un drogadicto el que ha probado un porro que el que no ha dado una calada en su vida.
Algo parecido ocurre con el tabaco: a veces pienso que si yo nunca hubiera probado un cigarro, posiblemente no habría acabado siendo fumador durante dos años largos. Y aún a día de hoy tengo mis recaídas...
El "yo controlo" empieza por saber decir "no", y eso a según qué edades no es cosa fácil. Todo es cuestión de madurez y personalidad.
Sinretorno,
yo estoy segura que si la policía se metiera en los botellones y cogiera a alguno con porros y le abriera expediente y se le comunicara a sus padres, más de un niñato insensato se llevaría un buen susto y no tontearía. El problema es que existe la certeza de que no te va a pasar nada (de tipo legal)
El chico de los tablones,
oye!! te has puesto un nombre muy complicado!! no sé que disminutivo usar...¿Chico??¿Tablones??
Pues si!! al menos de momento he vuelto a publicar!! a ver si me reengancho...
Yo no sé si se debe a la inmadurez de ciertas edades, o a que ya no se tiene criterio propio sobre nada y todo vale... lo que tengo claro que desconozco por completo la solución, que lejos de lo que se cree hoy en día, no es la información, porque hoy en día lo que sobra precisamente es información.
Besos a los dos!
"Chico" queda tal vez demasiado genérico, así que me conformaré con "Tablones" si te parece bien, jajaja.
En mi opinión, es descabellado pensar que la Policía va a tomar medidas drásticas en un botellón. No sé cómo estarán las cosas por el sur, pero en Aragón, máxime en 2008 con motivo del sobredimensionado despliegue de seguridad que se dispuso para la Expo de Zaragoza, ha entrado últimamente mucho niñato imberbe con dos dedos de frente y media licenciatura en Derecho en el Cuerpo de Policía Local.
Si la ciudad es pequeña, como es el caso de mi Huesca, lo más seguro es que el agente de que se trate cuente con varios amigos en el "botellódromo" o "fumódromo" y la cosa no pase de una simple advertencia en tono amistoso. Es triste pero real.
Si un agente de Policía, perdiendo de vista su condición de autoridad pública, apenas castiga las infracciones que percibe o lo hace muy laxamente, parece razonable pensar que la ley (¡y ya no digamos la información, que a nadie y a nada obliga!) va a perder necesariamente poder coercitivo y, por ende, credibilidad.
28 de julio de 2011 02:20
Que la policía no va a hacer nada lo sé de sobra, pero ni con eso ni con nada, en este sitio que digo donde he pasado unos días, la noche del sábado en el botellón empezaron volando cubitos de hielo, siguieron con botellas de plástico y acabaron lanzando botellas de cristal sobre la gente, y la policía al lado vamos... y se repite la escena cada semana.
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