“-Hay mucha sabiduría en lo que acabas de decir. Sin embargo, Qamar, confieso que ya no tengo valor para cambiar mi vida. Si fuera valiente, valiente en un sentido real y verdadero, no como lo entiende la mayoría del pueblo, abandonaría esta corte y marcharía en pos de esa Luz de la que tú hablas, detrás de esa verdad que libera. Pero este brocado, este vino, tus mismas canciones son cadenas demasiado dulces para mí y a cambio de seguir sujeto por ellas estoy dispuesto, aunque me niegue reconocerlo, a continuar esclavo de otras más ásperas”.
Es un párrafo del libro que me estoy leyendo: “La Ciudad del Azahar” de César Vidal, el cual me está gustando muchísimo, ya que aparte de ser muy entretenido invita a la reflexión en cada uno de sus capítulos.
No hay más verdad que la de que las personas preferimos ser esclavos de nuestra comodidad, a esforzarnos un poco por ser libres. Esa comodidad no tiene porqué estar haciéndonos felices, puede tratarse sólo de una rutina a la que nos hemos acostumbrado y con la que hemos aprendido a vivir. Puede incluso que nos engañemos pensando que nuestra obligación es eso que nos mantiene retenidos, y no nos damos cuenta de que lo que nos retiene lo hemos convertido en nuestra obligación porque al fin de cuentas es lo que nos resulta más cómodo. A veces las personas no nos lanzamos en pos de nuestros sueños, de nuestras vocaciones, del amor…, en definitiva; de la felicidad, porque vivimos sometidos a lo que conocemos y en cierta manera nos da seguridad, aunque nos esté perjudicando.
Es triste sin duda que alguien conozca que es lo que de verdad quiere en esta vida, pero que considere que sus problemas son tan grandes que le impiden realizarlos. Del mismo modo es triste que alguien conozca que es lo que no quiere de su vida y que no trate de solucionarlo. Pero el problema es muy obvio, nos agarramos a los seguro, a lo que tenemos ahora en nuestra mano, y tememos soltarlo en busca de la felicidad por miedo a que al no encontrarla no podamos recuperar aquello que tuvimos. Pero nos dice el Evangelio (San Mateo, 6, 24-34):
2 comentarios:
Se toma a la ligera a veces eso de Dios proveerá, pero porque no se sabe interpretar. Si cada día de tu vida haces lo que debes, lo demás llega por descontado, así lo veo yo.
He estado mirando lo del cubo, ahí imposible, nunca lo he conseguido ni lo conseguiré.
Un saludo.
Yo también lo veo así Candela, el problema supongo que es que la gente cree que Dios proveerá las cosas que cada uno queremos, y lo que Él proveerá son las cosas que únicamente necesitamos.
Un saludo.
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