El Ayer es historia, el Mañana es misterio, el Hoy es un regalo, por eso se le llama Presente.

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jueves, 24 de febrero de 2011

UNA ROSA…

Ante los restos de ese ser querido al que perdemos sólo quedan dos cosas; las lágrimas derramadas y las flores con las que adornamos su cuerpo ya sin vida. La tristeza que nos embarga no siempre tiene el mismo matiz, la tristeza puede ser amarga o esperanzadora, pero al fin de cuentas no se puede evitar la pena.

Cuando alguien se muere aceptamos su pérdida, o si no se acepta al menos no se puede evitar, así que nos resignamos, porque esa persona ya no volverá. Eso mismo puede ocurrir también en vida, no pocas son las personas que dejaron por circunstancias diversas a sus seres más queridos en busca de una oportunidad, sin fecha de regreso. Pero cuando la persona vive siempre queda la esperanza del reencuentro. Mientras tanto, se intenta suplir la ausencia a través de llamadas telefónicas, cartas o correos, pero nada se compara a la presencia física entre las personas. La tumba o el nicho donde reposan los cuerpos de los que un día respiraban como nosotros, es una barrera que separa a las personas, como lo puede ser la distancia. Pero en su interior está su cuerpo, por lo que al fin de cuentas no deja de ser la misma persona. Y también se vive con la esperanza del reencuentro en otra vida.

Cada persona lleva una pérdida a su manera, pero muchas necesitan algún tipo de contacto algo más directo para despedirse de ella, aunque sea dejando una rosa en su tumba. Por eso nunca incineraría -salvo mandato expreso de la persona- a un ser querido. Porque en su nicho permanece esa persona, y ya será la propia naturaleza la que se encargue de reducirla a polvo, pero ese siempre será un lugar a donde irle a rezar y a dejarle flores. Un lugar donde recordarle y donde derramar algunas lágrimas. Pero, ¿dónde podemos despedirnos de alguien que ha sido incinerada?

Hace poco murió una chica que estuvo unos años conmigo en el colegio, y hoy me encontré a otra compañera de clase, interesada me preguntó si sabía si habían incinerado su cuerpo. Como no se enteró a tiempo para su funeral sintió la necesidad de despedirse de algún modo de la que no tantos años atrás había sido su compañera de juegos, y fue al cementerio en busca de su tumba para dejarle en señal de su pena una rosa. Pero su nombre no aparecía en la lista de los allí enterrados, así que dejó la rosa abandonada en cualquier lugar y se fue. Hoy me dijo con tristeza que la seguía teniendo en su cabeza. Y es que todos necesitamos aunque sea simbólicamente despedirnos de aquellos a los que queremos.

4 comentarios:

perroviejo dijo...

Sí, aún tengo pendiente una despedida. Pero no puedo soportar la idea, sé dónde está, pero no puedo. Y creo que le lloro todos los días.
Cuando me pase a mí prefiero que me despidan en el viento, en el campo, en el río.....

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Bueno, aunque te incineren, también pueden dejar tus restos en un nicho o una pequeña tumba. Y siempre te queda el consuelo de que no te comerán los gusanos.

Enlazando con esto, y para quitarle hierro a un asunto tan incómodo, voy a hacer un chiste macarra: "Lo que han de comer los gusanos, que lo disfruten los cristianos".

Aprendiz dijo...

Subdire, incinerar no es lo mismo para nada, a mí que me coman los gusanos es lo que menos me importa. Yo será que como me gusta tanto dejar que la naturaleza siga su curso normal...

Además, incinerar a una persona con la idea de que no se la coman los gusanos me parece darle demasiada importancia al cuerpo.

Por último, no debería ser la muerte un tema incómodo, al fin de cuentas, y sin ánimo de ser cruel, todos nos vamos a morir. Entiendo que un ateo intente evitar esos temas, pero si a un cristiano le produce demasiada inquietud, debería meditar sobre el tema.

Angelo dijo...

Lo que me gusta es lo que encierran los simbolos. El hecho de dejar una rosa que quiere ser testigo de una presencia es muy hermoso. El valor de las cosas está en el corazón que se pone en ellas, lo que se quiere transmitir ¡qué mas da lo que sea y dónde sea!
La experiencia de lo que veo es que la gente necesita de símbolos y presencias. ir a un cementerio es el lugar donde nos despedimos por última vez y me parece genial que se haga. La incineración siempre resulta un acto más frío.
Libertad ante todo. Hay muchos que encuentran consuelo en las visitas a sus seres queridos aunque sepan que ya no están allí.
Un beso